(Fotografía Ppcall)
Así habrá amanecido más de un salón de casa en la mañana de hoy. Regalos para todos. Unos gustarán más, otros menos, alguno habrá que cambiar por otro mañana. Una mañana alegre en cada casa. Y mucho más en aquella en la que hay nietos. Lo bueno de esta tradición es que perdura. La conocimos con nuestros padres, la continuamos con nuestros hijos, nuestros hijos la continúan con nosotros y con los suyos, nosotros la continuamos con nuestros nietos.
Y así un año tras otro. Los regalos cambian, pero la tradición no. Ahora recordamos aquellos tranvías de lata de nuestros tiempos con los viajeros pintados sobre fondo amarillo en la ventanas, ¡os acordáis!. Y vosotras recordáis aquellas muñecas Peponas, que se tendían y cerraban los ojitos. Pues eso es lo único que ha cambiado, la modernidad de los regalos. Porque la ilusión sigue siendo la misma en todos y cada uno de nosotros. Y así seguirá, porque tenemos detrás quienes se encargarán de mantenerla viva. Eso lo estamos viendo cada seis de Enero. Y que sea por muchos años.
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